Vacaciones, buenos tiempos para gorriones blancos.

Vacaciones, buenos tiempos para gorriones blancos.

 

         

          Agosto, mes de vacaciones según las estadísticas, los medios de comunicación y, ahora también, las redes sociales. Basta asomarse a éstas últimas para que  nuestros amigos y conocidos  nos inunden las retinas con refrescantes imágenes de azules olas de mar, verdes paisajes de montaña o multicoloridos escenarios de países lejanos. Vacaciones como sinónimo de viaje. Demasiado reduccionismo.

          Partiendo del significado que nos da la RAE, habría que considerar las vacaciones como el periodo de descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios. Desde el punto de vista psicológico podríamos redefinir ese descanso como una  ruptura voluntaria de nuestra rutina diaria. Y cobra una gran importancia.

           La mayor parte de nuestra actividad mental cotidiana ocurre de manera automática, los procesos se rutinizan, se automatizan y nos hacen, de esa manera, más sencillo el  transitar por el día a día. Dicen que si un ciempiés tuviera que pensar qué pata tiene que mover no lograría caminar. Así nos afectan a los seres humanos los automatismos de nuestras rutinas diarias. Este proceso es adaptativo, pero tiene un riesgo: la excesiva focalización de la atención  acaba por volverse limitante, nos constriñe en demasía.

          Luria definió la atención como un proceso selectivo de la información necesaria. La focalización de la atención vendría a ser la orientación de la misma ante un determinado estímulo. Utilizando la metáfora de la linterna,  todo nuestro mundo interno y externo estaría oculto en una absoluta oscuridad y es el enfoque de nuestra linterna-atención la que los hace visibles.

          Las actividades repetitivas restan flexibilidad al movimiento de la linterna. Nos conducen a focalizarnos cada vez más en menos cosas y así dejamos de ver otros posibles. En psicología se dice que el proceso atencional se vuelve top-down o arriba-abajo, en contraposición a la atención de abajo-arriba o bottom-up que es la que nos permite estar abiertos a un mayor número de estímulos.

          El periodo de vacaciones favorece el establecimiento de patrones de atención bottom-up. Facilitamos que se rompan la rigidez de lo cotidiano y los caminos de una única  vía; dejamos paso a la llegada de lo posible, de aires frescos y nuevos, de perspectivas diferentes, de procesos más creativos.

          Si bien es cierto que viajar facilita esta ruptura de la rutina, para que la desconexión se produzca  es imprescindible la inmersión plena en el lugar, la interiorización de lo que nos es ajeno. Un viaje sin  esta inmersión no es un viaje sino un desplazamiento; el lugar al que llegamos no pasará de ser una reproducción de 3D de una simple fotografía que mantendrá parcialmente bloqueada la entrada de la esencia de lo diferente.

          Buena parte de la población, por múltiples razones, no puede disfrutar del descanso que define un periodo vacacional. A todos ellos va especialmente destinado este post. Al fin y al cabo, todos tenemos nuestro mes de agosto, trabajemos o no, descansemos o no, viajemos o no. Y todos tenemos la posibilidad de borrar parte de nuestra rutina. Por ejemplo, se ha comprobado que un paseo activa esos  procesos atencionales bottom-up que nos hacen más creativos, diluyen pensamientos rumiativos y obsesivos y dejan espacio para que afloren soluciones nuevas a nuestros viejos problemas. Un nuevo libro abierto, una televisión apagada, una radio encendida, un “te quiero” inesperado, un café en una terraza nunca transitada, un observar un rincón nunca mirado, todo ello puede  ayudar a quien no dispone de la opción vacacional a cambiar la cotidianidad antes de que septiembre se encargue de ir  llevándola de nuevo al redil. En la localidad de Bérchules, Granada, se celebra el año nuevo en el mes de agosto. Qué mejor manera de quebrar la rutina que decidir que nuestro año nuevo comienza hoy,  como dice una pintada que me encuentro cada mañana, hoy es el primer día del resto de tu vida. Agosto es un buen momento para darnos cuenta de ello.

          En estas vacaciones en que apenas he aporreado las teclas de mi ordenador, me siento acompañado de la lectura (y de su redundante recuerdo posterior) de una novela que es una magnífica metáfora sobre los automatismos del comportamiento del ser humano. En ella, Daniel Silva nos invita a una gran introspección,  a permitir que entren en nuestro habitáculo más íntimo los gorriones blancos: los pensamientos positivos, constructivos, que no queremos o no podemos enfocar con la linterna de nuestra atención. En esta noche de mediados de agosto, en cuanto suba este post al blog bajaré la tapa de mi portátil y saldré de nuevo a mirar por primera vez el horizonte que tantas veces he visto, esperando  la llegada de mis gorriones blancos.


«En ocasiones los deseos de vuestros corazones están tan sepultados que requieren de las quimeras de la imaginación para cumplirse»      El gorrión blanco,  Daniel Silva 2018.

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