
La pasada semana se cumplieron exactamente diez años del día en que mi amigo Diego me dijo “hoy Paco Buitrago ha escrito un artículo en el periódico que te va a gustar”.
En estos últimos días he estado hojeando un texto recién comprado en una librería de viejo. Me gusta el olor, la textura y el color ocre de las páginas de libros antiguos. No era un incunable ni mucho menos, era un jovencito de 1974, y muy mayor me parecía para su temática, porque sigue siendo hoy día de lo más actual. Se trata de La invasión farmacéutica, de Jean Pierre Dupuy y S. Karsenty. En una de las páginas en que me detuve leí: “Las anormalidades fisiológicas consideradas antiguamente como normales son objeto de tratamiento colectivo porque a los que las padecen se les ha ofrecido un remedio moderno y normalizador”. Ese párrafo llevó mi memoria al artículo de Francisco Buitrago. Busqué en la carpeta donde guardo hojas sueltas que merecen la pena ser releídas y lo encontré junto a unos escritos de Diego Algaba.
El artículo se titula “Psiquiatrización” y en él su autor nos habla desde su larga experiencia clínica y su amplio conocimiento académico de lo que podría considerarse uno de los mayores problemas con el que nos encontramos en el campo actual de la salud mental: la consideración como enfermedad de lo que en realidad no son más que matices de la normalidad. El artículo me parece tan completo que resumirlo sería atentar contra el espíritu del mismo. Creo más justo incluir el enlace al final del post y recomendar su lectura.
Recuerdo que en su momento a mis ex-compañeros de facultad resultaron muy gratas estas reflexiones escritas, además, por una persona cuya profesión se ha encuadrado tradicionalmente dentro del “modelo biologicista” o “modelo médico”. Porque parte de la importancia de lo que en él se dice radica en quién lo dice: Don Francisco Buitrago es médico de familia y profesor en la Facultad de Medicina de la UEX. A su gran labor como médico, diariamente reconocida por sus pacientes, y a la de investigación y formación, con numerosos trabajos publicados, se une una especial sensibilidad humana. Por todo ello más de una de sus reflexiones han encontrado su sitio en mi carpeta de textos para releer.
El artículo podría considerarse una muestra más de cómo el modelo biopsicosocial de enfermedad se ha ido imponiendo. El cartel que encabeza este post y que se encuentra en muchos centros sanitarios del Servicio Extremeño de Salud es otro ejemplo de ello.
En psicología, el modelo biopsicosocial considera que un trastorno mental no es algo que una persona tiene, sino un lugar donde la persona está, el fruto de la interacción entre su cuerpo, su mente y el contexto en que se desenvuelve. Sólo una comprensión global de todo este conjunto puede llevar a la persona a cambiar el espacio donde se ubica, a salir de las sombras para situarse en la luz. Cuando la persona se pierde entre tinieblas, el psicólogo la acompañará en la búsqueda, a veces difícil, de sí misma y del territorio por donde transita para comenzar el camino hacia lo que tiene genuino valor para ella. Un camino que nos acompañará toda la vida, toda esa vida que merece la pena ser vivida.
Enlace web al artículo en el diario Hoy Psiquiatrización
