Cuando dos personas se enamoran todo cambia en sus vidas. La fijación de la atención hacia el otro se convierte casi en obsesiva al tiempo que se produce una distorsión en la percepción del otro. El tiempo va normalizando de forma gradual este estado y las emociones se transforman.
Los conflictos son normales en las relaciones interpersonales, y, por tanto, en las parejas. La forma de afrontarlos es clave para el mantenimiento de la relación afectiva a lo largo de los años.
Las discusiones que dañan a la pareja no suelen ser aquellas que se generan por una circunstancia concreta y puntual, sino que responden a una dinámica que se repite una y otra vez y que suele tener que ver con características de la relación tales como grado de proximidad/distancia entre los miembros de la pareja, control/autonomía deseado por cada uno; visión de la vida racional versus creativa; actividad vital versus pasividad, o relación convencional versus relación alternativa.
En estas parejas, las diferencias ante estos temas son consideradas peccata minuta en la fase inicial de enamoramiento, pero en el devenir cotidiano se van convirtiendo en fuente de desencuentros. Hasta la roca más fuerte puede quebrarse en dos si surge una pequeña grieta… el tiempo se encargará de lograrlo.
Llegado este punto, gradualmente se va a generar una polarización en la que cada miembro de la pareja va a estar cada día más convencido de que su conducta/creencias/actitud es la correcta y que la causa de las desavenencias está en el otro. Esta fase irá avanzando hasta posturas más polarizadas cada vez en las que cada uno acaba convencido que el motivo de los conflictos no es ya la conducta/creencias/actitud del otro, sino factores relacionados con su personalidad (es egoísta, inmadura, incompetente, agresivo, insensible…). Este proceso continúa con la llamada “trampa mutua”: los dos miembros de la pareja se sienten atrapados, desesperanzados, sienten que, hagan lo que hagan, la situación no va a mejorar.
Lo dicho hasta ahora es una descripción de un proceso que muy habitualmente acaba en ruptura. Pero ¿se puede hacer algo para revertir la situación? Si ambos lo desean… SÍ.
La terapia psicológica de pareja ha demostrado un alto porcentaje de éxito. Recientemente, con la inclusión de concepciones conductuales derivadas de las terapias contextuales, se ha convertido en el marco muy adecuado para reconducir los patrones problemáticos dentro de la relación de pareja.
Cuando dos personas sienten que aún desean vivir una vida plena en compañía del otro, desde la terapia psicológica de pareja ponemos en sus manos las herramientas para que trabajen juntos, no para que no se abran grietas en la roca, sino para que, mano con mano las sellen entre los dos, siempre en la búsqueda de la vida juntos que merece la pena ser vivida.

