13 de noviembre: librerías y salud mental

13 de noviembre: librerías y salud mental

           Lo psicológico se aborda en las estanterías de las librerías de múltiples formas. La más evidente es a través de manuales que se adentran en los vericuetos de  la psique humana, pero su interés se reduce al pequeño círculo de profesionales de la misma.

          Por otro lado están los libros de autoayuda, que son más bien un quiero y no puedo, algo así como el ungüento amarillo que se usa para todo y no vale para nada. La psicología es algo muuucho más serio que eso.

          Por último tenemos la escritura como creación artística. Independientemente del estilo o de su temática, la creación literaria es una fuente de enriquecimiento para el individuo que va más allá de su contenido: genera recursos  que potencian el pensamiento creativo,  la flexibilidad psicológica y la gestión de las emociones.

         Las figuras retóricas no sólo enriquecen a la persona: son también un recurso básico en terapia, sobre todo en el ámbito  de las terapias contextuales o de tercera ola. Las analogías y las metáforas son catalizadores que, aplicados de forma adecuada, permiten a la persona poner en marcha las capacidades de las que dispone una vez abandone la consulta y salga a la calle.  Las técnicas de sugestión unidas al lenguaje metafórico facilitan que la mente de la persona sepa cuándo y cómo responder de la manera que le resulte más adaptativa. 

          Dentro del encuentro íntimo que supone la relación entre la persona y el terapeuta el lenguaje es el hilo que transporta las emociones desde uno al otro y del otro al uno.  De la última novela que he leído, La paciente silenciosa de Alex Michaelides extraigo estas palabras: “El paciente delega sus sentimientos inaceptables en el psicoterapeuta, quien recibe todo aquello que a él le da miedo sentir, y lo siente por él. Y entonces, muy pero que muy despacio, le va administrando sus propios sentimientos hasta que se los devuelve. Así es como funciona la terapia”

          Allá por 2003 llegó a mis manos una obra de arte de la literatura: Juegos de la edad tardía, de Luis Landero. Las sensaciones que aquellos párrafos despertaban en mí lo convirtieron en un acto de autoconocimiento y actualización tan necesario que me ví obligado, por primera vez en mi vida, a releer una novela antes de haberla acabado. Desde entonces los libros de Luis Landero vuelven a mis manos cuando necesito remover sensaciones y sentimientos antiguos, una especie de autoterapia llevada por las descripciones que descansan sabiamente entre sus páginas. 

         Todas esas sensaciones, antes de llegar a mí  estuvieron esperando comprador apoyados  en un estante, por eso me alegro que hoy, 13 de noviembre, se celebre el Día de las Librerías.