Coronavirus: Cómo nuestro cerebro puede echarnos una mano

     Finalizando agosto de este poco benévolo 2020 ya es sobradamente conocido que el control de la pandemia que nos acorrala depende del comportamiento de todos y cada uno de nosotros. Si bien la ciencia aún no lo sabe todo, lo que sí se sabe y se ha repetido casi a diario son las medidas preventivas que hacen que la cadena de transmisión del virus se interrumpa, las 3 M: Mascarilla, lavado de Manos y Mantenimiento de la distancia interpersonal. A pesar de ello los contagios aumentan: ¿qué está pasando?

      Los psicólogos sabemos que no basta con saber qué hacer con algo para que acabemos haciendo ese algo. Una cosa son las reglas mentales, es decir, las instrucciones que nos repetimos a nosotros mismos, y otra bien distinta su puesta en acción. Muchos factores median entre el conocer y el hacer. Este post habla de ellos.

   Durante la etapa más dura de la pandemia la emoción que, de forma implícita o explícita, más se elicitó en la sociedad fue el miedo. Las imágenes de las UCIs, ataúdes y testimonios de afectados inundaban los medios de comunicación. Esta apelación al miedo ha sido utilizada en campañas de prevención de accidentes de tráfico y contra el tabaquismo, por ejemplo. Si bien puede ser útil a la hora de crear un impacto rápido en la sociedad, se debe de tratar con cuidado. 

     En un reciente artículo publicado en Health Psychology a raíz de la COVID-19 se alerta de las consecuencias negativas  de crear pánico  durante una crisis de salud pública como la que estamos atravesando y que están relacionadas con los efectos del aumento de estrés postraumático y ansiedad en la población.

     Además de estos efectos perjudiciales, también existen consecuencias relacionadas con la conducta de prevención. Cuando el miedo llega y tomamos contacto con él,  se activa una pequeña zona situada en la parte interna de nuestro cerebro: la amígdala, que inhibe la liberación de dopamina y promueve la secreción de adrenalina y cortisol, provocando, entre otras cosas,  dificultad a la hora de pensar: el miedo nos inmoviliza  e impide contactar con nuestros recursos a la hora de afrontar las situaciones con más efectividad. 

     El miedo es hijo de la preocupación y se le enfrenta con la ocupación. Si lo que pretendemos es concienciar a la población de la conducta es la herramienta más útil en este momento, sería bueno cambiar el contexto socioverbal: del coronavirus ocúpate en vez de preocúpate. 

    En términos neuropsicológicos se trata apaciguar la amígdala y dejar trabajar a la corteza prefrontal, que viene a algo así como nuestro jefe de operaciones a la hora de tomar decisiones. Así es como nuestro cerebro nos puede ayudar en nuestra lucha individual y a la vez colectiva contra la pandemia. Dicho está… pero ¿cómo hacerlo?

      Desde la psicología se han desarrollado  varias teorías que explican la conducta de  las personas en cuanto a su salud. Estas teorías hallaron una serie de factores relacionados con las creencias de las personas y cómo  afectan a lo que hacen para protegerse de la enfermedad.

     El Modelo de Autorregulación establece que los individuos son activos en la gestión de su salud y se responsabilizan de la misma según la información de que disponen. He aquí la importancia de que las fuentes de información sean las adecuadas, evitando caer en la trampa de sensacionalismos y falsas noticias. Como ejemplo de información veraz os dejo una entrada del blog del Centro de Salud La Paz de Badajoz publicada hoy mismo:  https://centrodesaludlapaz.wordpress.com/2020/08/30/frenar-el-avance-del-covid19/ Aprovecho para resaltar la enorme y muy desconocida labor  que desde los Centros de Salud se está haciendo día a día por controlar esta pandemia. 

     Por otra parte, desde el Modelo de Creencias para la Salud  se abordan otros factores, tales como: 

     La percepción de vulnerabilidad o creencia en la amenaza. Ante el coronavirus todos somos vulnerables, unos más que otros, es cierto, pero nadie escapa a posibles efectos graves debido a su contagio. Cuando nuestra vida y la de nuestros seres queridos está en juego, el recurso de la probabilidad estadística no parece la mejor de la alternativa cuando otras son más efectivas.

     La creencia de que el tratamiento, en este caso preventivo, es efectivo. Existe evidencia científica suficiente para afirmar que las 3 M son eficaces a la hora de prevenir contagio. Defender lo contrario no  es más que un acto de fe negacionista. Si te importa la salud de los tuyos y no crees en la ciencia, modifica tus actos de fe y protégelos. ¿Acaso el sacrificio que tienes que hacer es tan grande que no se compensa con la satisfacción de defender la vida de las personas que te importan, incluida la tuya?

     La creencia de autoeficacia a la hora de implementar las medidas. Es el grado en que la persona se ve capaz de ponerlas en marcha. Afortunadamente para la mayoría de las personas y en la mayoría de los casos, llevar a cabo dichas medidas no supone dificultad importante. 

     Por último, para la Teoría de la Acción Planificada el seguimiento de la norma subjetiva es clave en la conducta de salud. La norma subjetiva hace referencia a aquellas creencias y normas establecidas en nuestro grupo de personas de referencia.   Y aquí es donde viene el problema, porque los referentes son diferentes para cada persona. Para una gran mayoría es el constituido por los expertos sanitarios, pero para otros  son sus amigos adolescentes y jóvenes que, por razón de su momento evolutivo, se ven por encima del riesgo y de la autoridad; por último,  para un grupo minoritario su grupo de referencia son los negacionistas o los que defienden la libertad personal aunque en ella incluyan la libertad de poner en peligro vidas ajenas. 

     Probablemente, el factor más influyente en el momento epidémico en que nos encontramos sea la norma subjetiva de adolescentes/jóvenes y negacionistas. Sus figuras de referencia deberían tener presente que con la COVID no hay medias tintas, si no eres parte de la solución eres parte del problema. 

     Somos muchos los que desde el inicio, y dentro del modesto rol de ciudadanos, decidimos formar parte del grupo de la solución. Y tú… ¿te apuntas a nuestro equipo?