Adolescentes en confinamiento

Estos días, a través de las redes sociales y de los medios de comunicación he visto como psicólogos aportaban infinidad de pautas para afrontar esta situación de confinamiento en familias con hijos. Una amplia mayoría estaban enfocadas a recomendar actividades y rutinas para “rellenar”el tiempo ocioso que nos ha llegado de golpe. Cuando me planteé escribir sobre esta cuestión en PsiCotidiana decidí darle un enfoque diferente porque a día de hoy veo ya una sobresaturación en relación a este tipo de pautas, con la consiguiente pérdida de novedad y de efectividad que ello conlleva.

Otra de las razones de porqué enfocarlo desde otro punto de vista es que el momento en el que nos encontramos ya no es el mismo. Estamos superando el shock inicial que el coronavirus ha producido en nosotros, y me parece apropiado un abordaje diferente. Siguiendo las etapas del duelo, porque en el fondo, la irrupción inesperada de esta catástrofe tiene similitudes con una situación de duelo, ya hemos pasado a fase de negación, de ira, de culpabilización y, creo que es el momento que desde la psicología nos centremos en la fase de negociación con la nueva realidad, de adaptación al presente con la mirada puesta al futuro inmediato, iniciar un camino de resiliencia que conduzca a una normalidad que no sabemos si será la misma de antes.

En lo que respecta a las familias con hijos adolescentes habrá que ver cual es efecto psicológico que arrastraremos pasado un tiempo. Minimizar, dentro de lo posible las consecuencias negativas en el ámbito familiar, (y, si es posible, facilitar que este desastre nos permita salir reforzados en algún aspecto) es el objetivo principal de las palabras que siguen a continuación:

TIEMPO, TIEMPO, TIEMPO Y MÁS TIEMPO.

El confinamiento mantiene cercano al grupo familiar nuclear durante casi todas las horas del día. Si nos paramos a pensar, sobre todo en aquellas familias en las que hay hijos adolescentes, nos encontramos en una situación que difícilmente se va a repetir: vamos a pasar más tiempo con ellos que el que se podría contabilizar durante un año entero. Eso que para algunos podría, exagerando un poco, asemejarse a una tortura, es también una gran oportunidad de reforzar los lazos afectivos y comunicativos dentro de la familia. Os propongo el reto de conseguirlo; el mini manual de instrucciones os lo expongo a continuación.

PADRES CENTINELAS.

Si en nuestra labor diaria de padres y madres hemos ejercido de centinelas de las conductas de nuestros hijos, ojo avizor de lo que considerábamos inapropiado, aprovechemos nuestra experiencia en éste campo pero cambiando el objetivo: se trata ahora de estar permanentemente pendiente de las necesidades emocionales de nuestros adolescentes, aunque en segundo plano,  sin agobiar.

Sondear sus gestos, preguntar ¿qué tal has dormido hoy? ¿con qué estado de ánimo te levantas hoy? ¿te preocupa algo? ¿puedo ayudarte de alguna manera? pueden aportarnos pistas de cómo se siente nuestro hijo al tiempo que nos hace presentes.

PADRES MODELOS

No, no hay que hacer un desfile con nuestras mejores galas a través de la pasarela del pasillo. No se trata de eso, sino de ser conscientes del efecto contagio de las emociones y de las respuestas que las generan,  lo que en psicología se llama el modelado o, desde otro matiz, aprendizaje vicario. Los niños y los adolescentes son esponjas que absorben la respuesta verbal y no verbal que los padres ponen en marcha a la hora de afrontar los eventos que aparecen en el día a día. El contagio emocional es mucho  más inmediato que el aprendizaje comportamental, casi instantáneo. Se cree que un tipo de neuronas, las llamadas neuronas espejo, son las encargadas de esta función. Lo que nos interesa en este sentido es que las reacciones emocionales de los padres y de las madres ante lo que no rodea va a facilitar que se ponga en marcha en nuestros hijos unas emociones en la misma dirección. Alguien dijo que una alegría compartida es doble alegría y una pena compartida es media pena, pues eso. Ello no significa que los adultos no debamos dar expresar nuestras emociones, pero si éstas conllevan excesivo sufrimiento, lo más conveniente es  manifestarlas fuera del alcance de nuestros hijos, o las bien mostrarlas delante de ellos pero de una forma contenida, suave, para que ellos puedan gestionarlas de una forma más adaptativa. Porque si queremos que nuestros hijos nos hablen de sus emociones tendremos nosotros que contarles las nuestras, pero forma contenida, siempre que nos sea posible.

SIN ABRAZOS FUERA, CON ABRAZOS DENTRO:

El contacto físico representa una de las muestras más potentes de afecto. Ahora que se nos veta el abrazo social, empleemos todos aquellos que mantenemos en nuestra reserva para nuestra familia, para los que tenemos entre las paredes que se han convertido en nuestro reducto de seguridad. Es posible que el adolescente aparte con aspavientos nuestras efusivas muestras de cariño, pero incluso en estos casos, un simple roce en su cabello, un apretoncito en su brazo o un dejar caer mano encima de mano pueden ejercer la misma función.

COMUNICACIÓN ABIERTA

Comunicarse verbalmente con un adolescente a veces se convierte en tarea tan complicada como hacer equilibrios en la cuerda floja. Pero ¿quien ha dicho que no somos madres y padres coraje? ¿acaso vamos a tirar la toalla?

Para empezar, debemos huir de emitir preguntas que lleven implícita la respuesta de “sí” o “no”, porque limitan la comunicación. Se aprecia la diferencia en estas dos conversaciones:

  1. Padre/madre: ¿Te apetece que cenemos pizza?Hijo: Sí.
  2. Padre/madre: ¿Qué te apetecería cenar? Hijo: PizzaPadre/madre: No te preocupes que lo tendré en cuenta para mañana, porque hoy tenemos pescado que, como salgo a comprar cada tres días por la cuarentena, ya no aguanta a más. Pero te prometo que mañana cenamos pizza.

Emplear preguntas abiertas como la utilizada en el segundo caso favorecen el inicio de la conversación, pero hay que currárselo para enlazar temas y que no se quede en un simple intercambio de solo dos o tres frases.

ESCUCHA ACTIVA:

Se atribuye a Zenon de Citio la famosa frase de que tenemos dos oídos y una sola boca, justamente para escuchar más y hablar menos. La escucha se hace imprescindible para una comunicación eficaz. En concreto la escucha activa. Esta es aquella en la que la persona se dispone de manera plena a atender al hablante. Como elementos importantes del lenguaje no verbal están: la mirada directa a los ojos, una ligera apertura de brazos, el direccionar hacia él la posición del cuerpo, con una ligera inclinación hacia delante, y, por su puesto, abandonar cualquier otra actividad que se esté realizando, principalmente la utilización del móvil (convertido ya en una prolongación de nuestra fisiología).

En cuanto a elementos de la comunicación verbal que son de vital importancia para favorecer la comunicación efectiva destacan:

  • Refuerzos: expresiones como “humm”, “sí”, “continúa” o sus equivalentes no verbales como ligero asentimiento con la cabeza.
  • Reflejos y paráfrasis. Estos términos se refieren a la repetición por parte del escuchante de parte del discurso del hablante. Si llevan contenido emocional se llaman “reflejos”, y si no lo llevan, “paráfrasis”: Cuando un adolescente nos dice “estoy harto de que me digas siempre que ordene mi habitación”,con  una respuesta del tipo “sé que estás harto de que insista en eso, pero considero que el orden es importante para todos”, estamos reflejando su emoción y con ello validándola (aunque no estemos de acuerdo con la acción que la provoca). Los adolescentes necesitan saberse entendidos aunque sea de forma implícita.

Otro aspecto importante es que el adolescente se sienta acogido y protegido, aunque rechazará las formas con las que lo hacíamos cuando eran niños. Una manera de hacerlo es preguntarle ¿qué te ocurre? ¿estás preocupado / triste / enfadado por alguna cosa?. Es muy probable que no nos aporte información, pero si no insistimos y en tono amable le decimos “si necesitas hablar, búscame que siempre estaré ahí para tí” le estamos mandando el mensaje implícito de acogimiento y protección. Aunque ahora se empeñe en luchar a solas con sus “monstruos”, años más tarde recogeremos los frutos de una fuerte vinculación con ellos.

Si le decimos a un adolescente “si pudieras pedir algo en este momento ¿que sería?. Doy por supuesto que la respuesta más probable sería “salir a la calle”, pero le seguirían muy de cerca aspectos relacionados con cuestiones materiales. Pero hay una necesidad psicológica básica fundamental que raramente se hace explícita mediante palabras: sentirse querido y necesario. Aunque en algunos momentos parezca munición fallida, los halagos y refuerzos para nuestros adolescentes son como las chuches para nuestros más pequeños (aunque su respuesta inmediata no sea tan efusiva). Eso sí, hay que tener en cuenta que el refuerzo debe ser lo más concreto posible: no vale con decirle “que bien lo has hecho”, sino “que bien has respondido a tu hermano cuanto te ha dicho que le has cogido el cargador del móvil”.

Además de los refuerzos a sus conductas, es sumamente importante decirle “te quiero” y “te necesitamos” (estos términos en las parejas de adultos con contrapuestos, en los adolescentes, complementarios). Decirlo a diario, sobre todo en aquellos momentos en que la obcecación de los padres nos hace creer que no lo merecen, porque en los momentos donde un adolescente parece no merecerlo es cuando realmente más lo necesita.

Los refuerzos y las muestras explícitas de cariño refuerzan una autoimagen positiva en el adolescente. Y, si además de reforzarle las cosas que hace bien le hacemos saber de lo que es capaz de hacer, de su capacidad de enfrentarse a las situaciones, incluso a sus miedos, mejor que mejor.

ELUDIR CONFLICTOS.

Como bien sabemos y aplaudimos cada 8 de la tarde, en estos difíciles momentos que nuestro mundo está viviendo, la batalla está ahí fuera. No generemos otras batallas menores dentro de nuestro reducto hogareño. Aparquemos todo lo posible los conflictos. ¿Qué importancia tiene si el cocido para nuestro adolescente está demasiado salado, aunque sepamos que no es así?. Ahora más que nunca es más importante mantener un ambiente apacible que conseguir tener razón en aspectos banales.

Pero lo cierto que el conflicto interpersonal es una realidad en el comportamiento humano y es imprescindible en el proceso de socialización de nuestros adolescentes. Por ello se hace fundamental una correcta gestión del mismo. Dos apuntes en este sentido.

  • Criticar la conducta y jamás a la persona: “no es higiénico que lleves puesta la camiseta sucia” en vez de “eres un cochino, mira la camiseta que llevas…”
  • Utilizar la técnica del bocadillo: Esta técnica se ha mostrado muy útil a la hora de modificar conductas de forma constructiva y se lleva a cabo en tres pasos: 1. Enfatizar algún aspecto positivo de la otra persona; 2. Mencionar la conducta problema o la petición; 3. Indicar  consecuencias positivas o refuerzos positivos del cambio de la conducta o de la aceptación de la petición. Se verá mejor con un ejemplo: Fulanito es un adolescente que se pasea por casa (es obvio que por otro sitio no) con la camiseta llena de lamparones. Su padre o su madre, que acaba de leer este artículo le dice: “ 1: Fulanito, tú eres un chaval que siempre has cuidado tu aspecto, cosa que me parece genial. 2: Hoy aún no te has duchado y tu camiseta está bastante sucia; 3. Si lo hicieras me harías sentir que sigues siendo el tío tan elegante que siempre has sido”.

Y EL MÓVIL…¿QUÉ?

Los adolescentes necesitan el contacto social con sus iguales. Y ahora no queda otra manera de hacerlo que a través de los medios tecnológicos. Negociemos con ellos uno o varios momentos a lo largo del día para que lo hagan, porque, aunque en estos momentos se convierta en una necesitad vital, no es conveniente que ocupen el lugar de otras actividades formativas, de ocio y comunicativas dentro del ámbito familiar. Los aspectos reforzadores que han adquirido los medios tecnológicos pueden que dificulten la negociación, pero dada la disponibilidad horaria que el estado de alarma nos ha traído, seguro que podemos conseguir un acuerdo satisfactorio para ambas partes ¿no?

PEQUEÑA CONCLUSIÓN

Es muy importante que no olvidemos que los adolescentes son adultos en periodo de cocción. Como madres y padres, estamos a tiempo de añadir los ingredientes que hagan que el resultado sea digno de Master Chef. Qué mejor momento para hacerlo que éste, en el que el destino, por desgracia antes que por suerte, inunda de esos ingredientes la despensa de nuestro hogar.

Ánimo a todos y no desesperéis.