Según Irvin Yalom, esa es una gran pregunta que muchos pacientes no se atreven a formular: “Piensa alguna vez en mí entre sesiones o sencillamente desaparezco de su vida por el resto de la semana?
Mi trabajo se diferencia de otras intervenciones sanitarias en que cada consulta se expande más allá del espacio con inicio y fin de la consulta. El trabajo en terapia se construye sobre los cimientos de una relación íntima paciente-terapeuta y esa relación no puede de ninguna manera quedar aparcada en el límite físico y temporal de la sesión, sino que escapa por las rendijas de la puerta y llega allá donde vaya el terapeuta.
Pero es especialmente en mis paseos donde están más presentes mis pacientes, sobre todo si el paseo transcurre a lo largo de los parques urbanos donde la naturaleza se atisba tímidamente en sus jardines. Esos entornos son especialmente facilitadores de experiencias cognitivas nuevas, de un tipo de procesamiento de la información (bottom-up) que facilita la conexión con estímulos novedosos y, con ello, la creatividad. (El procesamiento bottom-un está continuamente presente en el trabajo terapéutico de las terapias contextuales).
Es por ello que en los largos paseos a los que soy tan aficionado traigo a mi mente la sesión de A, el gesto que hizo M cuando le hice la pregunta X, el avance de I en la última semana, las lágrimas de N cuando relató Y, etc. En esos paseos han tomado forma análisis funcionales, han surgido tareas, han aparecido hipótesis o encajado detalles cruciales… en esos paseos no voy solo, voy acompañado de todas y cada una de las personas con las que comparto el espacio íntimo de mi consulta con el fin de acercarlos a la vida que merece la pena ser vivida.

